Cuando alguien dice que quiere dedicarse al cine y estudiar en una Escuela de cine en Bilbao, casi siempre surge la misma imagen: una persona detrás de la cámara dando órdenes, decidiendo a dónde va cada actor y marcando el rumbo de la historia. La dirección suele llevarse todas las miradas, y no te culpo si en algún momento pensaste que ese era el único camino “grande” dentro de este mundo. Pero si estás leyendo esto, quizá ya intuyes que hay más. Mucho más. Y es justamente ahí donde quiero hablarte de fotografía, sonido y montaje: tres áreas que construyen una película desde dentro, desde lo invisible, desde la esencia.
La fotografía: el arte de mostrar sin decir una sola palabra
Si te atrae la idea de crear atmósferas, jugar con luces, sombras, colores y texturas, probablemente tu sitio esté detrás de la cámara, sí, pero no como director: como director o directora de fotografía. Aquí no se trata de mandar, sino de traducir emociones en imágenes. La fotografía es ese departamento que consigue que una escena triste realmente pese, que un amanecer se vea cálido o que un thriller genere tensión solo con un giro de luz.
La parte bonita es que no hace falta que seas un genio obsesionado con la técnica; lo que necesitas es sensibilidad visual y muchas ganas de experimentar. Ojo: la técnica llega, pero la mirada personal no se enseña, se pule. Y si te llama el mundo visual, este camino te permite trabajar en anuncios, videoclips, documentales o cine. No te encierra en un único formato; te abre posibilidades.
El sonido: ese protagonista silencioso que llevas escuchando toda la vida
Aquí viene el secreto que casi nadie te dice: el sonido es la mitad de una película. Y no es una frase hecha. Sin sonido nítido, sin paisajes sonoros, sin diseño auditivo, da igual que la película luzca como una obra de museo: no funciona. Es curioso, porque aunque es una de las áreas más importantes, sigue siendo una de las más ignoradas por quienes empiezan.
¿Te fijas en los detalles? ¿Te gustan los matices? ¿Eres de quienes notan ruidos, ambientes, silencios y ritmos? Entonces el sonido puede ser tu terreno natural. Desde captarlo en rodaje hasta moldearlo en postproducción, este departamento exige paciencia, oído y mucha creatividad.
Y aquí te digo algo que a veces no se menciona: hay mucho trabajo. Series, podcasts, publicidad, videojuegos, cine, etc; todos esos mundos necesitan técnicos y diseñadores de sonido que sepan construir ambientes que sostienen una historia sin que el espectador se dé cuenta.
El montaje: donde realmente se escribe la película
Dicen que una historia se escribe tres veces: en guión, en rodaje y en montaje. Y quien ha montado alguna vez sabe que no es una frase poética, es literal. En una sala de edición es donde una escena respira, donde se decide si un personaje emociona, si una secuencia funciona o si un diálogo necesita un segundo más de pausa.
Si te atrae ordenar ideas, encontrar ritmo, jugar con tiempos narrativos y solucionar problemas, este rol te podría encajar más de lo que imaginas. Montar es ser cirujano y escritor a la vez: recortas, unes, ajustas y das forma a algo que antes era un caos de planos sueltos.
Además, si eres una persona introvertida o disfrutas trabajando en momentos de concentración total, el montaje es un refugio perfecto. No necesitas estar rodeado de ruido ni de veinte personas opinando. Aquí mandan tu paciencia, tu intuición y tu pulso narrativo.
Entonces, ¿por qué mirar más allá de la dirección?
Porque el cine es un ecosistema, no un pedestal. La dirección es preciosa, sí, pero la magia real ocurre entre equipos que se complementan. Y quizá tú no estés llamado a dirigir, sino a iluminar, a capturar atmósferas o a dar ritmo a una historia. No hay un camino “más importante”, hay caminos diferentes. Aparte, especializarte en fotografía, sonido o montaje te abre puertas de forma más rápida y concreta.




